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El culpable

Carlos Gallardo (Jesús María, 1983). Escritor y bachiller en Literatura Hispánica. Ha publicado el libro de cuentos Parque de Las Leyendas (estruendomudo, 2004) y se prepara para la publicación de su primera novela, Espuma. Ha ganado dos premios literarios, pero ninguno de importancia.

Wednesday, April 25, 2007 |

Maldita basura

¿Somos los bloggers responsables de los comments?

Hace unos años, un Centro Federado de Letras y Ciencias Humanas tuvo una idea igual de extravagante como peligrosa: colocar un panel forrado de papelográfos vacíos a la entrada del novísimo Pabellón H de la PUCP. La consigna de esta tribuna libre era muy al estilo de Mayo del 68, que no hubiera reglas, que cada quien escribiera cuanto quisiera y cómo deseara expresarlo. Desde luego, hubo quienes exigieron que rueden cabezas entre los profesores, otros maldijeron a los cultural studies, otros pusieron en entredicho las buenas costumbres de ciertos catedráticos y alumnos, pero también hubo quienes sugirieron mejoras y se detuvieron a debatir. Me imagino que debieron retirarlo cuando las autoridades de la Facultad, léase el poder, debió sentirse agredido.

Este experimento se parece bastante al cajón de comments de aquellos blogs que, como el mío, han venido a llamarse “alternativos” o “basura”. Quienes se sienten más interesados en acallar el tránsito indiscriminado de ideas son quienes consideran amenazada su posición privilegiada respecto de determinado centro. Basta con darse cuenta quienes critican con mayor inquina a esta clase de páginas. Sin embargo, tras esta polarización de ideas acerca de cómo administrar un blog se encuentran dos posiciones opuestas de concebir la libertad y su ejercicio en una sociedad democrática.

Estados Unidos ha realizado un avance sin precedentes al determinar que un blogger no es responsable del contenido de los comments. Razón no les falta, tampoco argumentos lógicos. Los posts son espacios de expresión de una idea particular emitida por un blogger de acuerdo a sus convicciones y haciendo ejercicio de la libertad de expresión que la constitución garantiza. Sin embargo, dependerá del blogger instaurar una suerte de panel abierto para permitir que sus lectores expresen su opinión respecto del tema. Es aquí donde reside el nudo del debate: algunos consideran que debe permitirse el ingreso de cualquier comentario porque ningún punto de vista debe ser acallado por más incómodo que resulte incluso para el propio blogger. Puesto que en una sociedad democrática existen diversidad de posiciones, ninguna puede tener más derecho de ciudadanía que otras, incluso cuando se trata de posiciones extremas, puesto que el racismo, el sexismo y otras corrientes de pensamiento atávicas deberán ser vencidas mediante las armas de la razón, no la fácil y contraproducente represión. Otros, en cambio, consideran que un blog debe proyectar una imagen de decencia por sus cuatro costados y ejercer un control total del contenido vertido en la página, incluso mediante intervenciones del blogger dentro del cajón de comments refutando o silenciando a quienes pretendan emitir una opinión políticamente incorrecta.

He venido defendiendo la primera posición no porque la considere la única verdadera (esa tentación de la verdad hegemónica), sino porque la encuentro más cercana a mis convicciones éticas y políticas. Sin embargo, admito que cada quien es libre de administrar su página de acuerdo a sus antojos, manías, pulsiones ideológicas o carnales. No tolero, en cambio, que un blogger ultraconservador, hiperbólico y malcriado admita con entero descaro la posibilidad de malograr un blog ajeno. Primero, porque mucho hemos hablado sobre la violencia y sus efectos en la sociedad peruana como para seguir creyendo que la destruyendo a quienes nos caen antipáticos sea la solución a nuestros males. Segundo, porque esa actitud destila un tufillo fascista del tipo “aniquilemos al diferente”. Podemos encontrar centenares de páginas execrables pero darnos de caballeros cruzados en defensa de la decencia y las buenas costumbres deriva en un desprecio por la piedra angular de la democracia contemporánea: la libertad de expresión, irrestricta, deslumbrante, invencible. Aunque les pique, aguántense.

Tuesday, April 17, 2007 |

Bowling for Virginia Tech

Mañana sangrienta en una de las principales universidades de Estados Unidos

Virginia Tech figura entre los 100 mayores centros de enseñanza superior en Norteamérica, según el ranking de la Universidad de Shangai. Ubicada en la localidad de Blacksburg, había ostentado hasta entonces la fama de lugar apacible, idóneo para la concentración académica y el esparcimiento luego de clases. Lo avalan fotografías del campus y el testimonio de una doctoranda española publicado en la web de El País: “Cuando me mudé aquí por primera vez en 2005, me sorprendió la seguridad que me inspiraba el lugar y la zona en general. Por ejemplo y para que se hagan una idea, la gente deja a la vista los ordenadores portátiles en los asientos del coche, las casas y coches muchas veces no están cerradas con llave, ventanales de cristal de las casas a ras del suelo sin rejas, etc.”

¿Podía convertirse este plácido espacio académico en escenario de una matanza cuya cifra de víctimas supere las 30 personas? Escuchar a Betty Cueva, madre del peruano Daniel Pérez Cueva, muerto en el tiroteo, resulta desgarrador. Reconocer a través de CNN una voz familiar: imposible no registrar ese nuevo acento limeño mezcla de reminiscencias criollas y provincianas, sobre todo durante esos instantes de dolor compartido, vivido como una comunión para quienes sentimos que esa voz pudo provenir de, por ejemplo, nuestra propia madre. Era una voz cercana, pese a la migración. Quien la escucha, no se conmueve, siente una conmoción.

Cho Seung-Hui, el desquiciado estudiante de último año de Inglés (acá diríamos Literatura), ha ensangrentado Blacksburg. Se lleva consigo al profesor más prolífico de Virginia Tech, a personal y alumnos extranjeros. Sin embargo, la responsabilidad de esta tragedia debe repartirse entre el criminal (ahora suicida) y las autoridades policiales que conociendo la presencia del asesino en la zona, descuidaron la vigilancia del sitio más evidente: si la balacera había comenzado en una residencia universitaria, bien podía terminar en algún edificio del campus, donde murió Pérez Cueva, mientras atendía a clases de francés. Mientras el padre de Daniel espera recibir una visa humanitaria que le permita enterrar a su hijo, quedan aún varias víctimas por identificar. Blacksburg, crisol de nacionalidades, opiniones y voces, ha sufrido quizá el golpe más fuerte contra la tolerancia, la racionalidad y la honestidad, las mayores virtudes académicas, la esencia de una ética contemporánea. Quizá la pregunta siga flotando como espectro y mácula sobre Norris Hall. ¿Dónde nuestra razón se confunde con el delirio extremo, la sed de sangre, la necesidad de revertirlo y exterminarlo todo?

Foto: AP, publicado en univision.com

Friday, March 23, 2007 |

Última puñalada

¿Tantas veces, Bryce?

Tenía catorce años cuando luego de Un mundo para Julius, llegaron a mis manos, sucesivamente, Reo de nocturnidad, La vida exagerada de Martín de Romaña, y sobre todo, No me esperen en abril, la tercera novela (después de Conversación en La Catedral y Portrait of the Artist as a Young Man) que acompañara mis anhelos adolescentes de convertirme en escritor. No recuerdo haber leído un libro con tanto jolgorio y nostalgia ni haberme indignado tanto por la suerte de otros protagonistas de novela como Manongo Sterne y Teresita: mis primeros relatos sobre estudiantes de secundaria, que pretendían trasuntar mis insatisfacciones y deseos, estaban mediados de alguna manera por el lenguaje bryceano, su frescura, la plasticidad de su ironía y la habilidad para trasladar o inventar un habla. Sin embargo, no todos los ídolos son eternos. Esta mañana, leyendo el blog Lado B de Juan Carlos Bondy, tuve suficiente de Bryce aunque hiciera años que mi devoción se había apagado.

Bondy presenta la prueba que colmó mi paciencia. Acusado de sucesivos plagios a columnistas de La Vanguardia (España), a un ex funcionario de Defensa americano y al embajador Oswaldo de Rivero en Quehacer, Bryce no podía seguir acusando a su secretaria ni hacerse el desentendido. Alfredo bryce Echenique es un plagiario con todas sus letras y la prueba definitiva la podemos encontrar comparando los artículos que presenta Bondy en su blog: el 19 de enero de 1996, el periódico Ideal de Granada publica un artículo del profesor Ángel esteban titulado, paradójicamente, “Mi amigo Alfredo Bryce Echenique”. ¿Qué reacción tendría Esteban cuando se enterara que su querido amigo, a quien recuerda desde el título y a quien ofrece el artículo con devoción le plagiaría párrafos enteros el 29 de diciembre de 1996 en el artículo "Amistad, bendito tesoro" aparecido en La Nación de Argentina?

Indigna incluso la suplantación efectuada por Bryce al tomar el lugar del autor en una anécdota relatada en torno a cierta dedicatoria. Me remito al texto. Esteban en su original escribía lo siguiente: “Un poeta irónico colega de la Universidad me dedicaba un libro de la siguiente manera: «A Ángel Esteban, compañero y sin embargo, amigo».” La desfachatez de Bryce le permite alterar la historia y convertirse a sí mismo en protagonista: “Un poeta irónico que fue mi colega en una de las muchas universidades en que he trabajado, me dedicaba un libro de la siguiente manera: «A Alfredo, compañero y sin embargo, amigo».” Para evitarse sospechas y ajustar el artículo a su condición actual, Bryce modifica apenas algunos datos. Mientras esteban se desempeñaba como catedrático de Literatura Hispanoamericana y podía referirse sin ambigüedad alguna a la Universidad donde trabajaba, Bryce no trabajaba entonces en ninguna o de estar trabajando en alguna, sería sencillo detectar la mentira si se refería a “la” Universidad: suficiente con introducir un factor indeterminante para anular cualquier inconsistencia que delatara o sugiriera la estafa.

Dos apuntes. El primero, institucional y como consumidor/suscriptor de El Comercio cada fin de semana. Por decencia, el Decano debería suspender a perpetuidad la columna de Alfredo Bryce y reivindicar a sus verdaderos autores de manera pública. Aún ignoramos cuántos artículos bryceanos pertenecen a Juan Pérez y Roberto González. Los lectores nos sentimos engañados, tratados como imbéciles mientras Bryce ganaba una buena suma por texto y nosotros pagábamos mensualmente nuestra suscripción para acceder a artículos copiados sin escrúpulos incluso burlando su amistad con otros autores. Por decencia, debería ser negada su contratación en cualquier Universidad como catedrático o dictando talleres y conferencias. El plagio significa en cualquier universidad peruana, la expulsión definitiva de un alumno o, tratándose de un profesor perdonavidas, mínimo un 05 en cualquier asignatura.

El segundo apunte es personal, pero necesito expresar mi rabia, la mejor manera de asumir una decepción colosal. Aunque alejado de su influencia, Bryce representaba entre otros autores que leí durante mi tercer y cuarto año de media (Joyce, Vargas Llosa, Hesse, Akutagawa) una especie de padre, incluso más cercano que el resto, muertos o inalcanzables. Me siento lastimado y furioso, harto de Bryce, asqueado hasta la médula.

En imágenes, primero, el artículo de Ángel Esteban y después, la evidencia del plagio, obra de Alfredo Bryce.

Wednesday, March 21, 2007 |

Epopeya y poesía

El Huáscar como cascarón del nacionalismo peruano

Comprendo la urgencia colectiva por generar una identidad en torno a determinados símbolos que expliquen su idiosincrasia. Comprendo, avalo y defiendo, como derecho de los individuos libres, la determinación de un pueblo a considerarse autónomo y responsable de sus asuntos internos (como la Nación Camba o la defensa del status foral de Navarra frente a Euskadi). Los considero legítimos y positivos mientras sean consideraciones internas, hacia adentro, que definan a la comunidad desde sí misma. Me produce repulsión, en cambio, cuando una nación intenta definirse ante sus vecinos exhibiendo las cenizas de sus incontables héroes caídos en batalla, cuando se avivan rivalidades centenarias, que poco o nada tienen que ver conmigo porque ocurrieron antes que naciera mi abuelo o mi bisabuelo, porque encallan en símbolos devaluados, ajenos, que poco ayudan a construir una imagen positiva de nación.

El nacionalismo debe ser, entre las líneas de pensamiento humanas, la más repugnante y violenta, el espacio de regodeo para militares corruptos, heroísmo malaventurado, fracasos colosales convertidos en epopeyas del sacrificio, elegías al atropello, al derramamiento de sangre, al primitivismo convertido en gloria. Desde la semana pasada circulan comentarios acerca del encuentro de poetas peruanos y chilenos en el Huáscar. Pocos han embestido contra los participantes, pero muchos ponen reparos al evento y el lugar donde llevarán a cabo el recital. El célebre monitor pareciera una herida sin cicatrizar desde 1883. Juntar poetas sobre la cubierta de un barco hundido hace 130 años superaría el pecado, el escándalo, la herejía del superficial nacionalismo peruano que suele manifestarse solo cuando Chile lo despierta de su afortunado letargo. La intención de los organizadores es coherente con un mundo globalizado: trasgredir el espacio de tensión histórica y ofrecer un testimonio de conciliación. Transformar el campo de muerte en himno de concordia. Algunos no parecen comprenderlo de esta manera (“¿Por qué convertir al Huáscar en un símbolo de la conciliación, si es uno de nuestros pocos símbolos de la obstinación y la perseverancia en defensa de lo nuestro?”, “Si alguna vez se pudiera recuperar el Huascar, el solo hecho de que siga flotando ya es indignante. El Huascar debe estar fondeado. Esa fue la última decisión que tomo el mando peruano.”): siguen creyendo que el Huáscar solo puede representar la resistencia del pueblo peruano ante una invasión, como si alguno de nosotros hubiera cogido una escopeta para defender Lima desde los reductos o se hubiera animado a enrolarse en una montonera siguiendo la aventura maniática de Cáceres. Si pudiera escoger, optaría por el primer ofrecimiento: limpiar la sangre con poesía, curarnos con literatura, llenar de versos la tumba de Grau, Elías Aguirre y demás.

A algunos les dolerá escucharlo pero resígnense, el Huáscar es un cascarón, sería mejor que no significara nada más. Puede servir a nuestros vecinos como trofeo, porque al Perú le debería valer un pepino como símbolo. Alguien me acusará de desconocer el sacrificio de tantos hombres al interior del monitor, pero mi intención es distinta: considero que la nación peruana necesita refundarse como comunidad plural en torno a nuevos símbolos ajenos al fracaso del pasado (basta la barbarie de 1980-2000 para darnos cuenta que ninguna guerra puede glorificarse por más heroica que parezca, imaginemos una CVR para la Guerra del Pacífico y nuestros soldaditos de plomo se harían polvo). Estos símbolos deben condensar una orientación hacia delante, presentarse como guía hacia el futuro. Suficiente tenemos con recordar en el colegio o durante algunos feriados el fracaso del Perú como nación. No negaré que aprender Historia educa a las nuevas generaciones para evitar cometer los mismos errores, pero cuando estos ejemplos de comportamiento errático, de batallas perdidas y ciudades saqueadas se convierten en súmmum de lo nacional, volveremos a sentirnos inferiores, incapaces, recurriremos a lo subrepticio, a la ilegalidad, a la criollada como paradigma.

Los poetas peruanos deben recitar sobre el Huáscar para reafirmar esta transformación. Hace unos años, dije públicamente que hubiera preferido nacer chileno que peruano. Admito que mi irritación se debía a la complacencia y molicie sedimentada alrededor del núcleo de identidad nacional peruana. Sin embargo, he llegado a descubrir, para nuestra desdicha, que Chile inventa a diario el nacionalismo peruano. Basta con observar cómo la gente se molesta cuando LAN o Ripley no trabajan como deberían. Ese mismo nivel de indignación apenas solía manifestarse con empresas nacionales, públicas o privadas, del mismo rubro. Suficiente con analizar la reacción beligerante y sensacionalista de los medios de comunicación cuando alguna noticia involucra las relaciones peruano-chilenas (desde los casos Lucchetti, LAN hasta asuntos que deben trabajarse en cancillería y por medios diplomáticos y de legislación internacional como La Concordia y verdaderas necedades como “Epopeya”, aquel documental sin mayores implicancias que debía propalarse por señal abierta, como si Canal 7 no propalara programas sobre la guerra con Chile). Suficiente con observarnos a nosotros mismos montando en pánico cuando nos convencen que desde el Sur están armándose para invadirnos en algunos años. Veámonos al espejo, escuchemos a los poetas del Huáscar y pensemos cuánto tiempo soportaremos la cantaleta estúpida de la mutua enemistad.

Saturday, March 17, 2007 |

La ingeniosa damisela Arabella de Inglaterra
Una mujer de bandera entre Londres y Bath

El nombre de Charlotte Lennox puede sonarnos desconocidos como tantos novelistas ingleses del XVIII. Nuestro acercamiento académico a la narrativa fuera de Latinoamérica sigue siendo pobre. Pareciera que el siglo XX representara una barrera mental y no lográramos adaptarnos a cuentistas anteriores a Joyce, que leyéramos a Dickens haciendo un esfuerzo mayúsculo. Nathaniel Hawthorne es un eterno desconocido guardado bajo siete llaves en una cajita de oro macizo, Samuel Richardson sirve para nivelar las mesas y Fanny Hill como individual. Tristram Shandy, quizá la novela más disparatada de todos los tiempos, festín vivencial y metaliterario a la vez, goza de una impopularidad inusitada para ser una comedia. En similar situación, pero extremada por condiciones de género y la mínima difusión de la literatura inglesa clásica se encontraba nuestra joven Charlotte, una muchacha de 22 años que había publicado un poemario incipiente pero provocador y una primera novela (The Life of Harriot Stuart, Written by Herself) antes de abordar ese arriesgado proyecto de encarar al espejo canónico. Entonces, dio vuelta a Cervantes y escribió The Female Quixote (La mujer Quijote, Londres: 1752). La talentosa y precoz jovencita, embebida de lecturas y deseos de ficción, nos relató una historia disparatada, enternecedora pero compleja sobre el problema del conocimiento, desde una perspectiva más inglesa que hispano-barroca: la alteración de la Realidad es un asunto volitivo, además de cognoscitivo. El individuo desea constituir su universo, algunos apegándose al mundo compartido, otros reinterpretándolo a través del placer literario, anhelando que las cosas no sean como son, sino como debieran ser.

Arabella, una hermosa joven, dotada de virtudes físicas e intelectuales, considera que vive en un mundo de romance histórico al estilo de los libros importados de Francia, ficciones tan o más nocivas que los propios libros de caballería quijotescos. Asume el rol de una heroína en constante peligro, pero también constantemente acosada y requerida por todos los hombres del mundo, potenciales pretendientes indeseados a quienes debe rechazar sin herirlos porque, siguiendo el modelo de sus lecturas, podrían suicidarse en su presencia clavándose un estoque o morir de intensas fiebres. El asunto se torna nudoso cuando su padre planea casarla con Charles Glanville, un primo que se propone enamorarla pero no puede evitar perder la paciencia cada vez que los malentendidos provocados por el tamiz intelectivo de Arabella lo dejen en posición de villano. Durante 500 páginas, nuestra protagonista, en palabras de la editora, aleación de Quijote y Dulcinea, huirá de falsos secuestros, debatirá sobre historia universal, crispará los nervios de Glanville con ocurrencias fuera de foco e instalará entre los demás personajes una extrañeza y admiración tan contagiosa que el mismo lector olvida que su mente se encuentra regida por el discurso irreal de los romances franceses.

El malentendido es un recurso preferido entre la comedia de situaciones. Los personajes cruzan versiones erróneas, la habilidosa ambigüedad, producto del complicado discurso de la protagonista, confunde a quienes la rodean al punto de condicionar sus acciones. Arabella termina construyendo la realidad de su entorno, la ficción triunfa sobre el mundo, el lenguaje de nuestra ingeniosa hidalga de 17 años invierte el orden de cualquier funcionamiento. Cuando Arabella le ruega a una dama relatarle sus grandes aventuras, ignora que el término tiene un significado ignominioso, figurado, opuesto al sentido llano. Arabella es una aventurera, pero tanto en el nivel de la lengua, como al escoger un medio de interpretar la realidad, se opone al sentido común, al balido del resto, al soporífero consenso de la sociedad londinense. Debo admitir cuánto me divertí leyendo una novela donde una muchachita alucina raptores entre nobles, confunde los derbys del hipódromo con los ancestrales Juegos Olímpicos y anhela ser desposada por un guerrero similar a Artajerjes que le rinda homenaje durante 10 años antes de atreverse a confesarle su amor; una novela escrita por una jovencita, me imagino, de elegante egocentrismo y ambiciones estéticas ilimitadas, que de haber nacido peruana (y no gibraltareña) y tuviera mi edad, habría publicado en Estruendomudo.

The Female Quixote en edición de Cátedra, aunque cueste un ojo de la cara, es lectura ineludible para quienes estén dispuestos a sonreír.

Tuesday, February 13, 2007 |

When we were Fav

Todos tenemos derecho a dejarnos maltratar

En un reciente post en su bitácora PuenteAreo, Gustavo Faverón celebra la desparición, el cierre o la desactivación de algunos blogs que venía catalogando unilateralmente como basura. Ignoro cómo sentirme pues siendo parte de aquella sentina literaria que don Gustavo detesta hasta la náusea, debo suponerme una pieza de museo víctima de su evidente darwinismo moral: supervivencia no del más apto, sino de quien se porta mejor. Faverón se escandaliza como sacerdote victoriano o defensor de la infalibilidad papal en el concilio Vaticano I. Su intransigencia linda con el autoritarismo. Estas acusaciones, me temo, no son ad hominem, como quisiera Gustavo, sino hechos manifiestos en la manera como imparte la ley en su blog. Finalmente, cada quien es libre de administrar su espacio como bien le parezca: si Faverón cree que emplear la ironía zahiriente contra quienes deseen comentar en su página forma parte de sus atribuciones como blogger y lo considera ético, no solo respeto su decisión sino también me opondré a quienes consideren que debería cambiarlo a la fuerza.

Sin embargo, desde mi fuero personal, para respetarlo como argumentador y como persona, preferiría mayor consecuencia entre sus palabras y sus actos. Basta observar este intercambio de comments ocurrido recientemente en su blog. Un anónimo le escribe para opinar acerca de la novísima literatura peruana:

Creo que Gustavo sobrevalora a su amigo Castañeda, como buen amigo. Casa de Islandia es notable, pero ahi donde aparece la ciudad, San Andrès, es en Hotel Europa, texto que compite con el Sanax en las noches de insomnio. He leido tambièn a Alarcòn en la versiòn latinoamericana de Harpers y me pareciò mucho mejor que en la ediciòn de Alfaguara (pese a erratas), y en inglès es mejor aun. Algo debiera decirse al respecto (que un autor peruano escriba mejor en inglès es por demàs digno de atenciòn). Ah, y creo que arriesgas mucho al generalizar sobre dos autores nuevos a partir de un libro de los primeros de cada uno. Unas golondrinas...

El comment carece de frases insultantes. Si opina acerca de dos o tres libros, se trata de un parecer particular como podría darse en cualquier cafetería o sobremesa. La recomendación final tampoco parece contener alusiones ofensivas o lesivas a la autoridad del blogger. Sin embargo, Gustavo responde:

Haces bien en escribir anónimamente, para guardar tu nombre del tremendo roche que haces con tus afirmaciones. ¿¿¿A quién se le ocurre decir que Alarcón escribe mejor en inglés que en español juzgando a partir de las traducciones hechas por otras dos personas??? Y encima sermoneas: "alguien debiera escribir sobre eso..." Jajaja... Así, con la seriedad que esa observación tuya merece, así es como recibo las otras que mandas: como chistes de insomne. Hasta las tildes te las ha volteado el sueño...

La respuesta de Faverón transpira una incómoda sensación de maltrato, desmesurado en relación al comment precedente hasta parecernos abusivo y grosero. El anonimato del comentarista inicial nos priva de conocer su identidad pero pareciera un aficionado queriendo despachar su opinión sobre dos libros manipulados por la crítica local. Un respetado doctor de universidad norteamericana, animador cultural, antologista, hombre de letras y defensor de la moral, las costumbres democráticas y la tolerancia intercultural no puede contestar como barraconero, afilando la chaira, echando en cara errores tan nimios como las tildes que sus propios lectores se olvidaron de colocar. Faverón alucina que quienes no están de acuerdo con sus designios pretenden moverle el piso con sermones y aprovecha cualquier distracción de sus críticos para enrostrarles su anonimato (ha concluido, mediante enrevesados silogismos que negarse a ofrecer el nombre no es una elección individual válida sino un acto de cobardía); pero no contento con transformar un comment sin importancia en potencial atentado contra su dignidad, se permite tergiversar las opiniones ajenas y aniquilarlas mediante el recurso de la burla.

Desde luego, preferiría que la discusión se mantuviera en un terreno argumentativo, en un intercambio de razones. Todo buen polemista debería saberlo. Sin embargo, Faverón es libre de tratar a sus invitados como mejor le parezca y si estos son capaces de tolerar su espectáculo monomaníaco, bienvenidos sean. La libertad es expansiva, permite incluso estos santuarios del sadomasoquismo. No obstante, Gustavo acaba de celebrar el principio del fin de tanto blog basura que pululaba impune por la carretera virtual. Incluso solicita a sus lectores acelerar la campaña por su desaparición definitiva como si pretendiera una limpieza étnica, un pogrom moral. Mi memoria no falla: durante la polémica sobre las argollas literarias, Faverón exigió ponerle limitaciones al sistema de comentarios de mi blog porque se permitía toda clase de comentarios, injuriantes algunos. Le expliqué con amabilidad que mi política distaba de la suya y cuando pude, deploré la opinión de muchos comentaristas malintencionados, aclarando que la opinión del blog emana del blogger, no de los comments que son una plaza abierta para el libre intercambio de ideas. Faverón en cambio, maneja su espacio de comments como su chacra, maltrata a quien le viene en gana, humilla lectores, restringe su respeto hacia quienes considera cultos y desprecia a quienes se equivocan en pequeñeces. A diferencia de lo que criticaba en mi blog, esta inusitada malcriadez no proviene de usuarios externos sino del propio blogger y, debo entenderlo de esta manera, manifiestan la postura del blog hacia esas personas.

Lo lamentable vendrá después cuando nadie pretenda manifestarse a favor del agredido, sino aparezcan los amigotes del agresor para rematarlo con su cultalatiniparla y sus alardes de tauromaquia retórica. Entonces escribirán la verdad para todos nosotros, impondrán su propio canon, sus propias referencias, su lenguaje, su corrección política, su dilettantismo. Y créanme, los aceptarán con los brazos abiertos.

Monday, February 05, 2007 |

Sapos y culebras

Haces meses dejé de postear porque escogí retirarme a trabajar en proyectos personales, tanto mi nueva novela como mi tesis de licenciatura. No podía comprometerme a administrar un blog como deseaba y necesitaba tiempo para meditar si valdría la pena retomar ese espacio. A raíz de cierta polémica, Ajos y cebollas, el blog que precediera a este, quedó virtualmente suspendido por desánimo y cansancio del administrador. Sin embargo, este tema continúa abierto a la discusión, se mantiene irresuelto y parece haber ganado espacios con opiniones alternativas que se atreven a pensar fuera del espectro convencional. Este nuevo impulso me animó a reabrir este blog cambiándole de nombre, modificando su aspecto y cambiando algunas de sus reglas.

Como se puede observar, la variación más importante compete a la administración de comments. En esencia, se pretende mantener la misma libertad y apertura del blog anterior, aunque las opiniones vertidas nos sean ideológicamente opuestas, ingenuas o detestables. Como expresé antes, el blog no hará eco ni se identificará con estas opiniones, solo ofrece un espacio para que participen del debate como cualquier otra, aunque sean políticamente incorrectas:

"consideramos que una sociedad abierta, el racismo, el sexismo o los rencores religiosos deben ser combatidos no acallando a los que equivocadamente los defienden (ya que tienen libertad de expresar sus errados puntos de vista) sino por medio de la racionalidad y el discurso. Quienes creen que una sociedad democrática se gesta callándole la boca a la fuerza a quienes tienen opiniones adversas o desfasadas piensan vivir una verdadera fantasía mucho más peligrosa: la de una democracia de élite donde solo pueden manifestarse los intelectuales, los políticamente correctos o los "bloggers". Esa no es mi idea de democracia ni de sociedad abierta.
"

Sigo defendiendo esta posición y esto no cambiará. Sin embargo, he optado por emplear la moderación de comentarios para evitar no los comentarios polémicos, sino el spam, es decir, los comentaristas malintencionados cuyo único interés radica en provocar que la página colapse colocando comments que vienen poco al caso, como largas bibliografías (ustedes saben quiénes emplearon estos métodos), catálogos de ventas, apelaciones por el Timor libre, meros bultos que pueden eliminarse sin restar libertad a quienes realmente desean manifestarse.

La nueva manera de introducir los comments es sencilla: al costado de la fecha, arriba del titulo de cada post podrá encontrarse un link de forma numérica (registra la cantidad de comments que se han escrito hasta ahora). Dando clic se podrá acceder a la sección de comentarios e introducir uno nuevo.

En los próximos días estaré posteando como de costumbre: no descarto que el primer artículo resucite aquella polémica que provocó el cierre del anterior espacio, pero la página también pretende abordar mis impresiones sobre cultura y política, secciones infaltables tanto en Malas palabras como Ajos y cebollas, manteniendo el espíritu de discusión frente a corrientes dogmáticas, autoritarias, el nuevo moralismo ilustrado que persigue imponerse con careta democrática y solidaria. Desde esta página, intentaremos demoler aquel espejismo.

Sapos y culebras

"Curiosamente, como dice el personaje de “La anfisbena”, el campus y el zoológico están separados por un delgada avenida, poco transitada que discurre por entre dos recintos antitéticos y atrayentes. El Parque es el espacio de la animalidad expuesta, donde nos reencontramos con la irracionalidad domeñada por los barrotes y vivimos una ficción de costa, sierra y selva. La universidad es el espacio de la reflexión y la discusión racional de los asuntos humanos, el lugar del que salimos depurados de cualquier impulso analógico que nos impida razonar silogística o entimemáticamente. No basta cruzar de una vereda a la otra de la avenida Riva Agüero porque ambos son claustros y hay que saber identificarse para ser admitidos."